Tegucigalpa, 6 de agosto.
–¿Zelaya es un converso o simplemente un pragmático?
- Una combinación. Cuando toma el poder, cree que puede gobernar con los dos partidos tradicionales. Dos años más tarde se convence de que para cambiar Honduras es necesario romper el bipartidismo tradicional. Su cambio de opinión tiene que ver, por un lado, con su contacto con la gente, que es intenso; y, por otro, con los obstáculos que las cúpulas partidistas y los intereses económicos ponen a las reformas que propone. Convencido de que son imposibles las reformas, así sean mínimas, con los partidos tradicionales, le apuesta a crear otro partido.
–¿Hacia allá iba la famosa cuarta urna?
–Yo se lo pregunté una vez: “Presidente, ¿la cuarta urna es el tercer partido?” Y me respondió que sí. Entonces yo y otros le dijimos que primero era preciso crear un movimiento político y social, sobre la base de las organizaciones de la sociedad civil que crecieron como hongos después del huracán Mitch, que mostró la vulnerabilidad ambiental y social de Honduras, puso de relieve la pobreza (el país está, con Nicaragua y Haití en el piso de la pobreza latinoamericana), y exhibió la fragilidad de las instituciones del Estado.
Cumplidos los dos años de Zelaya en el poder, “esa sociedad organizada después de Mitch, encuentra un espacio de sintonía con el presidente Zelaya”.
Ya para entonces, sigue Meza, Zelaya es un convencido de que si quiere que su “propia ruta” prospere, necesita “romper, abrir el sistema”.
Zelaya comienza entonces a darle a su gobierno, “para decirlo esquemáticamente, un giro populista, de más contacto con la gente al margen de su militancia política, de si son liberales o nacionalistas. Y descubre que tiene una conexión natural”.
Ese giro de Zelaya es anterior a su relación con Hugo Chávez, y coincide con el “agravamiento de la oposición de los medios de comunicación, que se tornan cada día más hostiles”.
Así que es falso, como dice el régimen de facto, que “todo obedece a la influencia de Chávez”, porque el conflicto había comenzado antes de la aparición del venezolano en el escenario.
En el primer año del gobierno de Zelaya, Meza coordina, todavía desde la academia, el libro Honduras, poderes fácticos y sistema político, una sugerente radiografía de las relaciones entre los grupos económicos y los políticos tradicionales hondureños, que no pocas veces son los mismos.
Para ilustrar la guerra de las “diez familias” dueñas de Honduras, Meza relata las penurias económicas del gobierno de Zelaya y cuenta que a mitad del mandato su ministra de Finanzas, Rebeca Santos, acude a Washington a negociar posibles ayudas. Una de las opciones que baraja es la emisión de bonos gubernamentales por unos 50 millones de dólares para sortear las “urgencias” del gobierno.
“En el avión de Miami a Tegucigalpa se encuentra a un banquero poderoso que le suelta: ‘Decíle a tu jefe que no le vamos a comprar ni un bono’”.
“Entonces Zelaya acude a Chávez y Chávez le pone 100 millones de dólares”.
En ese escenario, sigue Meza, “el ingreso Honduras a la Alternativa Bolivariana de las Américas fue casi natural”.
Antes, el Congreso Nacional le había puesto un candado legal a Zelaya, obligándolo a crear fideicomisos para hacer transparente el manejo de los recursos de Petrocaribe.
Al momento del golpe de Estado, dice Meza, había en el Banco Central “137 millones de dólares ahorrados y esta semana sacaron 44 millones para el Congreso Nacional, lo que debe tener doblemente arrecho (enojado) a Chávez”.
Tras la firma de la Alba, el gobierno hondureño recibió 50 millones de dólares más para el financiamiento de diversos proyectos; 30 millones para relanzar un programa de producción agropecuaria; 10 millones para un programa dirigido a pequeñas empresas y dos millones para atender la emergencia de un huracán. En suma, 292 millones de dólares “que están en las arcas del Banco Central, porque la misma burocracia había frenado la transferencia”.
A partir de la firma de Petrocaribe “Zelaya se va radicalizando, y endurece su lenguaje de condena contra los grupos económicos a los que acusa de egoístas. Es un lenguaje donde mezcla ese discurso con una visión clerical”.
–Como Chávez.
–Pero más auténtico, porque Zelaya ha sido discípulo de los salesianos. El caso es que sus referencias a la solidaridad de Chávez son cada vez mayores, por lo que ahora se magnifica esa supuesta resistencia de los grupos económicos a la intervención del venezolano en Honduras.
No quería continuar, sino volver
–¿Zelaya quería seguir en el poder, para eso era la cuarta urna?
–No, Zelaya quería volver. (Los golpistas) hablan de un supuesto decreto de disolución de los poderes y convocatoria de la Constituyente que estaba listo, pero yo dirigía la gaceta oficial, donde debería haberse publicado, y puedo decir que nunca existió.
Con la “encuesta”, que en realidad era una consulta popular, Zelaya pretendía decir a los partidos tradicionales “aquí está un millón de votos, aquí está el tercer partido, no pueden hacer caso omiso de esto y tienen que aprobar la cuarta urna”.
Es decir, Zelaya pretendía que el gobierno que resultara electo el próximo 29 de noviembre estuviera obligado a convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Constitución y abrir el paso a la relección cuatro años después. “Ese era el plan, aunque quién sabe si en la Constituyente hubiéramos tenido mayoría”.
No es la primera vez que los políticos hondureños que ahora se desgarran las vestiduras en defensa de los intocables “artículos pétreos” de la Constitución, han soñado con reformarla para permitir la relección. En 1985, Roberto Micheletti, ahora presidente de facto, y otros diputados, intentaron presentar una iniciativa para abrirle paso a un nuevo mandato de Roberto Suazo Córdova. Las pistolas que sacaron otros legisladores en la sesión del Congreso los pararon en seco.
El ex presidente Carlos Flores Facussé, también cabeza de un fuerte grupo económico, ha “soñado con relegirse”. El problema es que “se le atravesó Zelaya, con mucha más popularidad, así que Flores dijo: si no soy yo, no es nadie”, dice Meza. Esa postura de Flores “acelera el golpe”. La otra es el “orgullo herido de los militares”, y no por las “ofensas” de Hugo Chávez, sino porque acompañado de algunos seguidores, Zelaya irrumpe en la sede de la Fuerza Aérea para sacar el material destinado a la consulta de la cuarta urna.
Luego, anuncia la destitución del general Romeo Vásquez en un acto público, con sus huestes más radicales que corean su alegría.
El golpe de los empresarios
–¿Quién decide dar el golpe de Estado?
–El plan del golpe lo arrancan los empresarios, los financieros y los mediáticos, suman a los políticos a medio camino y al último a los militares.
Primero, el golpe iba a ser parlamentario, es decir, el Congreso iba a destituir al presidente, aunque no tenga facultades para ello.
Pero ese plan se cae por una disputa intrapartidista ramplona. Roberto Micheletti quiere que su sucesor al frente del Legislativo sea José Saavedra, mientras el ex presidente Carlos Flores Facussé promueve a su hija. Flores se lleva a sus 20 diputados y acaba con el quórum.
“El viernes 26 de junio los militares se incorporan a una acción ya planificada, aunque ninguno de los autores había calculado el aislamiento internacional”.
Dos días antes, por la noche, Víctor Meza había sacado sus papeles de su oficina de ministro.




